EL AROMA DEL AZAHAR
EL AROMA DEL AZAHAR
de Julián Sueiro
Monólogo
Un hombre de unos 40 años. El escenario se encuentra dividido en dos. De un lado se encuentra
el actor sentado en una butaca alta o parado, del otro lado una mesa cuadrada con mantel a
cuadros con alguna cámara con trípode y reflector de pie preparado como un set de filmación.
Esta segunda parte a oscuras.
Te voy a hablar del Gordo Mateo, del día en el que con ojos vidriosos, engullía cuál niño hambriento,
esa hamburguesa prometida por su mamá para aliviar el dolor que en él había dejado la reciente partida
de su padre. Fue una tarde de primavera de 1993. La devoraba como si fuese la última, como si estuviera
masticando en ella ese dolor y el vacío que empezaba a sentir por dentro. La carne chorreaba grasa como
su corazón lágrimas, su saliva rebalsaba su boca como queriendo dejar escurrir de ella la angustia, y entre
bocado y bocado, se chupaba los dedos con un placer como quien prueba un manjar.
Una postal inolvidable, el gordo Mateo sentado en el umbral de su casa viendo como cargado el auto de
peleas, discusiones e infidelidades, su padre se iba y no lo volvería a verlo jamás.
Ese fue el principio del olvido y de los excesos en la comida. Ese día descubrió la “cura para el dolor” o
por lo menos aquello que lo aplacaba, como una bestia calmada por una hermosa melodía. Fueron años
mal vividos y de mucho sufrimiento. De ingestas de a montones, de aflicción, de pizzas enteras, de
pesadumbre, de comida dentro de los cajones, de tormentos, de kilos de helados y restos por todos los
rincones.
La gula hizo que las palabras de los otros se hicieran mudas. Nada lo sacaría de aquellos días cada vez más
largos y de esas noches hundidas en un mar negro tan profundo como su dolor. Se transformó en su peor
enemigo. Ya ni el sol se atrevería a entrar por la ventana. Solo quedan las cortinas floreadas, esas no se
marchitan aunque pierdan el color. Alli los muebles bañados de sombra y polvo.
Y se anunciaba el final del verano del 2005, afuera un día soleado, cálido pero allí no, como de costumbre
era gris. Suena el teléfono para su sorpresa, ya que cada vez sonaba con menos frecuencia. Del otro lado
alguien que le decía. Tu mamá… los oídos rápidamente volvieron a hacerse sordos. Dios había decidido
llevarse a su madre. Fue tan grande el desconsuelo, como lo fue el atracón que lo dejo abatido, fue una
imagen para el olvido aquella tarde y en aquel sillón.
Se sintió ciego, no veía el final. Todo podía empeorar, dos comidas en simultáneo, bocados gigantes,
pequeños trozos de comida escupidos por doquier, manchas de grasa y aceite como sangre en la escena de
un crimen, desechos putrefactos, y un mal apoderándose de todo.
Ahora el negro de la profundidad se había teñido de un negro aun más profundo. Existe un negro mas
profundo que el negro. Pero un día un ángel lo vio caído, oloroso y perdulario, y con una luz de esperanza
lo animó a luchar.
Estaba dormido, entre cajas de comida y restos en mal estado, olió el perfume de su madre, y eso lo
despertó y lo hizo pensar. Descubrirá entonces sin saber, comenzaría una nueva oportunidad. Un haz de luz
logró colarse en tal penumbra, y así fue, salvado por el aroma del azahar.
Casi como en un acto involuntario se puso de pie y fue hacia la ventana y corrió la cortina. Asoma el sol de
la mañana al fin y el otoño huele a almendras tostadas y es el año 2021. Llegó el primer casting. Mateo es,
perdón! soy actor y es para una publicidad. Aquel ángel me enseño, a levantarme y pelear. Tengo 120 kilos
menos y dentro mío hay un bypass. Lejos quedaron las noches de panzadas y la deglución de horas oscuras.
Me he podido librar de rumiar por el mal pasado y volver a comenzar.
Mateo se dirige caminando hacia la mesa, se enciende la luz del set. Se sienta en la mesa, en la mesa una
gran hamburguesa sabrosa, brillante.
Voz en OFF: Bueno Mateo, tenés que comer lentamente esa hamburguesa, imaginate que es lo que más
deseas en el mundo, es la hamburguesa más rica que jamás probaste. disfrutala, sentila, sentí que esta
hamburguesa va a cambiar tu vida. ¡ok? bueno, vamos!
Escena 1 toma 1…… Acción
Mateo entra en un estado de angustia observa largamente la hamburguesa, comienza a llorar y se la
devora. Apagón
Fin

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